NEBIVOLOL - Precauciones y advertencias

Previo a la administración de drogas anestésicas se deberá interrumpir la terapia con nebivolol, por lo menos 24 horas antes. Se debe tener precaución con aquellos anestésicos que causan depresión miocárdica, como ciclopropano, éter o tricloroetileno. El paciente puede ser protegido frente a reacciones vagales con la administración intravenosa de atropina. Se recomienda no administrar a pacientes con insuficiencia cardíaca congestiva (ICC) no tratada, a menos que se encuentre en estado estable. En pacientes con cardiopatía isquémica, el tratamiento con nebivolol debe ser discontinuado gradualmente. En caso de ser necesario, la terapia de sustitución debe iniciarse al mismo tiempo, para prevenir la exacerbación de la angina pectoris. Se recomienda disminuir la dosis administrada de nebivolol si el pulso desciende por debajo de 50-55 latidos/minuto en reposo. Administrar con precaución a pacientes con alteraciones de la circulación periférica (síndrome o enfermedad de Raynaud, claudicación intermitente), ya que puede producirse un agravamiento. Administrar con precaución a pacientes con bloqueo AV de primer grado, debido al efecto negativo de nebivolol sobre el tiempo de conducción. Administrar con precaución a pacientes con angina de Prinzmetal debido a vasoconstricción coronaria mediada por el receptor alfa; el nebivolol puede incrementar el número y la duración de los ataques de angina. Administrar con cautela a pacientes diabéticos ya que puede enmascarar ciertos síntomas de hipoglucemia (taquicardia, palpitaciones). El nebivolol puede enmascarar los síntomas de taquicardia en el paciente hipertiroideo, una supresión brusca de la droga puede intensificar los síntomas. Administrar con precaución a pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica ya que se puede agravar la broncoconstricción. Puede incrementar la sensibilidad frente alergenos y la gravedad de las reacciones anafilácticas. Estudios en animales han demostrado que nebivolol no ejerce ningún efecto tóxico sobre el feto; sin embargo, se sabe que los betabloqueantes reducen la perfusión placentaria, lo cual puede producir muerte fetal intrauterina, inmadurez y parto prematuro. Además pueden producirse hipoglucemia y bradicardia en el feto y el neonato, y riesgo incrementado de complicaciones cardíacas y pulmonares en el neonato en período posnatal. Por lo tanto, se recomienda no administrar durante el embarazo y la lactancia.